jueves, 27 de marzo de 2025

Descuajeringar

¡Hola! Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: descuajeringar, que no es otra cosa que estropear, descomponer algo. • Tanto quise lavarle el muñeco que se lo he descuajeringado y se ha quedado sin pies y sin cabeza. • Se me cayó el jarrón que me regalaron por mi cumpleaños y se me ha descuajeringado por completo. • Tira esa percha y compra otra que en cuanto vuelvas a abrirla se te descuajeringa. María Jesús. Las palabras no mueren nunca, simplemente se duermen de aburrimiento cuando dejamos de usarlas, pero en cuanto las llamamos se desperezan, abren los ojos, mueven los labios y nos ayudan a recordar, a aprender, a enseñar. En mi nombre y en nombre de descuajeringar, mil gracias por despertarla.

lunes, 17 de febrero de 2025

Espurrear o espurriar

¡Hola! Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: espurrear es el verbo correcto, expeler agua u otro líquido con la boca su significado, y con espurriar era más conjugado. • Deja de espurrear el zumo que te vas a manchar la blusa. • Si le da el biberón después de vestirlo, le toca volver a cambiarlo, le encanta espurriarlo. En nombre de las dos, gracias por recordarlas.

miércoles, 22 de enero de 2025

Pulla

¡Hola! Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: pulla. El diccionario tiene muchas definiciones para el término pulla, pero aquí lo recordamos con el sentido que siempre fue usado: aprovecharse de alguien económicamente abusando en el precio. • Vaya pulla que le metieron a Adela por unas zapatillas que parecían zapatos. • No mando al niño a comprar naranjas porque si no le meten la pulla en el precio se la meten en el peso. • Vaya pullazo que te han metido: ayer, por la misma falda, pagué yo la mitad. En nombre de esta palabra, gracias por recordarla, y ojito con las pullas que siguen existiendo y a veces hasta las llaman marcas.

sábado, 11 de enero de 2025

Culiquear

¡Hola! Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: culiquear. Culiquear es lo que se decía que hacían algunos niños para desplazarse de un lado a otro antes de saber andar. Consistía en sentarse en el suelo y caminar arrastrando el culete. Dice una amiga mía que uno de sus hijos andaba a gatas, y el otro, culiqueando. ¿Alguien la recuerda? Me gustaría saberlo. Gracias.

viernes, 27 de diciembre de 2024

Hacer el ratón

¡Hola! Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: dar el ratón: el regalo que daban a los novios los que no iban a la boda, regalo que siempre era en especies. La espiga sigue siendo el dinero que los invitados dan a los novios, el ratón ya no lo da nadie, pero antaño quedaba muy mal quien no lo hacía. Solo se libraban de hacerlo los que iban todos los miembros de la casa a la boda y espigaban. Los novios, además de la lista de la espiga, hacían la del ratón, para cuando a ellos o a sus padres les tocara cumplir. Esto escribió la bisabuela de una amiga mía en su lista del ratón: -La madre de Gloria media docena de paños de cocina de Portugal. -La madre de Angelines un orinal de porcelana. -La abuela de Andrés un kilo de café y otro de azúcar. -La madre de Luisa media docena de tazones de china. -La Martina tres kilos de garbanzos. -La Juanita una mañanita hecha por ella. -Ana María un liguero de bolillo hecho por ella. -La vecina de Luis un tú y yo bordado por su hija. -La tía Consolación tres cazuelas… Estas cosas hoy no sirven ni para tener un detalle. Normal pues que hacer el ratón sea ya una expresión de las más catetillas que me he encontrado. ¿Quedará alguien que todavía la recuerde? Si es así, me gustaría saberlo. Gracias.

Antuya

¡Hola! Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: antuya: primera matanza. Esta catetilla fue muy usada en los pueblos de la comarca de Béjar. Su historia: Pasada la siembra, la siega, la trilla y la vendimia llegaba el mes de octubre y la despensa estaba vacía. Para salir del paso hasta diciembre que se hacía la matanza estaba la antuya, es decir, una primera matanza, matanza que siempre pagaba el pato el cerdo más joven, matanza que se hacía a primeros de noviembre. Se me ocurre pensar que de ahí viene el refrán que afirma que “A cada cerdo le llega su San Martín” que es el 11 del citado mes. Ya ni se hace antuya, ni se hace matanza, pero vale la pena recordar o conocer una palabra que fue muy usada. Gracias por hacerlo.

Relatar

¡Hola! Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: relatar. Esta palabra es muy usada con el sentido de explicar, narrar o contar algo, pero dejó de usarse con el sentido de refunfuñar o protestar gruñendo de algo, y como catetilla que es injustamente, porque hay que oír lo que se relata por todo y por nada y con razón y sin ella, tiene derecho a un lugar en este espacio. Veamos algunos casos: Es una máquina haciendo algo, pero hay que ver lo que relata por todo. —Descuelga el teléfono relatando y se enfada porque cuelguen sin más. —Gasta tantas energías relatando que todo lo deja a medias. —Relata tanto por todo que más que su hijo parece su abuelo. Gracias por la visita.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

Cabras e hiladillo

 

 

 

¡Hola! Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: cabras, las cabras.

 

Hasta los niños que no han vivido en pueblos saben que las cabras son unos animales con cuernos que dan leche; sin embargo, se cuentan con los dedos de las manos los que recuerdan que por estos lares las cabras eran unas molestas y feas manchas rojas que a las mujeres les salían en las piernas por efecto del calor del brasero. Para evitarlas se hacían unas polainas de cartón que les cubrían las piernas por delante y se las sujetaban atrás con hiladillos, que eran unas cintas blancas o negras, estrechas y muy socorridas. Pero lo mejor para combatirlas era el verano porque en lugar de sentarse al brasero a coser o a tricotar se sentaban a las puertas de las casas.

 

¿Hay algún seguidor que lo recuerde?

 

De todos modos en nombre de estas cabras y del hiladillo gracias por despertarlas, porque las palabras, ya sabemos, no mueren nunca, simplemente se quedan dormidas de aburrimiento cuando dejamos de usarlas.

jueves, 22 de agosto de 2024

Añusgarse

 

¡Hola! Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: añusgarse: atragantarse.

 

Ejemplos:

 

—Bebe despacio que vas a añusgarte.

 

—Dale unas palmadas en la espalda para que deje de toser por haberse añusgado.

 

—Siempre que come y grita acaba añusgándose.

 

—Para no añusgarse lo mejor es comer y beber sentado, despacio y escuchando más que hablando.

 

Recordar esta palabra más que añusgar desañusga. En su nombre, gracias por hacerlo.

viernes, 16 de agosto de 2024

Morralla

¡Hola! Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: morralla: quincalla, cosas de poca utilidad, despreciables incluso.

—Paga el café que vino tu hijo con los amigos a pedirme para un helado y mira qué morralla me han dejado en el monedero por no dejar a ninguno en blanco.

—Ni se os ocurra reñir a vuestras hijas por salir a la calle cargadas de morralla que a su edad no necesitan joyas, las joyas son ellas, y eso no es hacer el ridículo, es hacer lo que corresponde hasta que cumplan años.

Acabo de tirar toda la morralla de este cajón: invitaciones de bodas de matrimonios que ya están divorciados o con ganas de ir al juzgado, estuches de caramelos que tienen más años encima que el siglo, platillos de cerámica con recuerdo de Bilbao, de Vigo, de Zaragoza… y para qué seguir.

En su nombre mil gracias por darle el valor que como palabra tiene.
 

lunes, 12 de agosto de 2024

Ser o no ser plato de gusto

¡Hola! Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: ser o no ser plato de gusto.

 

Ya que andamos entre platos recordemos esta expresión que está ya más tiempo dormida que despierta. En lugar de unos ejemplos veamos lo que dice Chufo Lloréns en La ley de los justos.

 

 —Gusto de verle, don Práxedes. Ignoro cuál es el asunto puntual que le trae hoy aquí, pero celebro la afortunada circunstancia. De cualquier manera, no debería haberse molestado; yo habría acudido a Barcelona, aunque no es plato de mi gusto internarme en esa agobiante ciudad.

 

—¡Y que lo diga! Es incómoda hasta para los que nos manejamos bien en ella. ¡Ni que decir tiene en estos momentos, cuando al calor de la Exposición ha sido invadida por legiones de gentes que han acudido de toda España para mejorar su condición a costa de nuestra tranquilidad! Y cuando se viene de este ambiente marinero y maravilloso que aquí se respira, el contraste todavía es más acusado.

 

En su nombre muchas gracias por este respiro.