viernes, 9 de enero de 2026

Roña

¡Hola! Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: roña: suciedad (generalmente en el cuerpo), mugre. Gonzalo, de niño, se pasaba los veranos en el pueblo de sus padres, disfrutando con sus primos en el campo, en el río, subiendo y bajando de los árboles a coger nidos. Cuando iban a buscarlo su madre lo lavaba de pies a cabeza con estropajo y jabón de sosa, pero por más que frotaba y frotaba, la roña no desaparecía, porque no era falta de agua, era sobra de sol. Sin embargo, a principios de los años 70, los gitanillos de cierta ciudad que vivían hacinados en chabolas sin agua, sin luz y sin una triste estufa, sí blanqueaban los domingos por la tarde cuando unas almas caritativas (yo las llamaba “asesinas”) se desplazaban bien abrigadas a la barriada y les daban un baño en agua fría para que fueran limpios a la escuela, lo que provocó que poco a poco dejaran de asistir porque solo tenían dos opciones: o vivir con la roña encima o palmar de una pulmonía. Y como era natural preferían la primera. María Jesús Las palabras no mueren nunca, simplemente se duermen de aburrimiento cuando dejamos de usarlas, pero en cuanto las llamamos se desperezan, abren los ojos, mueven los labios y nos ayudan a recordar, a aprender, a enseñar. En nombre de la palabra roña gracias por despertarla un ratito.