¡Bienvenido a mi mercadillo! Aquí podrás encontrar palabras y expresiones salmantinas que la cultura mal entendida arrinconó por catetas. Me parece tan impropio de los que tenemos el don de hablar avergonzarnos de ellas, que hoy, para ponerlas en el lugar que les corresponde, abro este mercadillo. ¿Te gustaría ayudarme? Espero tu visita y, si quieres traerme un regalo, ya sabes lo que me gusta: una cateta de tu tierra. Seguro que tienes muchas. Y antes de irte, ojea mi periódico.
sábado, 21 de febrero de 2026
Creerse el dios de apolo
¡Hola! Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: creerse el dios de apolo.
• Es el más ignorante de la familia pero se cree el dios de apolo y hay que darle la razón para no discutir.
• Ni es el alcalde del pueblo, ni es un simple concejal, pero se cree el dios de apolo y manda más que ellos.
Los dioses de apolo siempre eran hombres, nunca mujeres. Sobra explicar porqué.
María Jesús
Las palabras no mueren nunca, simplemente se duermen de aburrimiento cuando dejamos de usarlas, pero en cuanto las llamamos se desperezan, abren los ojos, mueven los labios y nos ayudan a recordar, a aprender, a enseñar.
En nombre de la expresión creerse el dios de apolo gracias por despertarla un ratito.
martes, 17 de febrero de 2026
Empantanar
¡Hola! Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: empantanar.
Esta palabra no llega aquí porque el agua, el lodo o el barro nos empantanen los pies, los coches, etc., llega porque tenemos la casa empantanada cuando hay que hacer obras, cuando tenemos el salón empantanado de ropa que con tantas borrascas no conseguimos que se seque en la terraza, cuando tenemos los cajones empantanados de adminículos, papeles, regalos de bodas, bautizos y primeras comunionos que solo sirven para robar espacio a las cosas útiles y es tal el empantamiento que resulta imposible hacer las tareas con normalidad.
Queda claro el significado, ¿verdad?
María Jesús
Las palabras no mueren nunca, simplemente se duermen de aburrimiento cuando dejamos de usarlas, pero en cuanto las llamamos se desperezan, abren los ojos, mueven los labios y nos ayudan a recordar, a aprender, a enseñar.
En nombre del verbo empantanar gracias por despertarlo un ratito.
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