domingo, 31 de marzo de 2013

¡Y un jamón con chorreras!

¡Hola! Por fin hoy le llegó el turno a la siguiente expresión: ¡Y un jamón con chorreras! Se utilizaba, y se sigue utilizando por los mayores procedentes de zonas rurales, cuando alguien pedía muchas cosas a la vez o no se cansaba de pedir. Podríamos traducirla por ¡basta ya! O ¡se acabó de dar! O ¿y qué más? Lo significativo de esta expresión es que niega rotundamente ofreciendo todavía más. Desconozco su origen pero me encanta.

lunes, 4 de febrero de 2013

Moquero

¡Hola! Como con estos fríos de invierno nada raro es que se te caiga la guinda, te dejo una cateta muy útil en tales casos: moquero. Sobra explicar que un moquero era, es y seguirá siendo un pañuelo para limpiarse los mocos. No hemos dejado de tener mocos, pero nos hemos habituado a los famosos cleenex y ni los mayores usan ya esta palabra. ¡Qué lástima! Te ruego que por respeto a nuestra lengua olvides lo de cleenex y en adelante digas pañuelo con la coletilla de papel. Gracias.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Caerse la guinda o la moca y moquina

¡Hola! ¿Quieres conocer dos expresiones propias de esta época? Pues aquí las tienes: caerse la guinda o la moca, o sea, los mocos, como consecuencia de un catarro nasal producido generalmente por los fríos del invierno. Ambas son muy salmantinas, y digo son porque aunque por personas de mediana edad en adelante y procedentes de zonas rurales, se siguen utilizando cuando hay que tirar de pañuelo como es natural. Los muy jóvenes o capitalinos preferían decir que tenían moquina. En los pueblos moquina se utilizaba para referirse a los niños muy pequeños: “No sé si llevar el niño al médico, lleva dos días con una moquina que no me gusta nada”. En el primer caso denotaba cursilería; en el segundo, ternura. Personalmente prefiero decir “Se me cae la guinda” a “Se me cae la moca” o “¡Vaya moquina que tengo!”, pero aunque ya catetillas, tanto las expresiones como la palabra, me parecen demasiado preciosas para olvidarlas.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Corrobla

¡Hola! Aquí me tenéis, colocando otra cateta: corrobla, que significa festejo, celebración, convite para celebrar algo. Antiguamente, y no tan antiguamente, los ganaderos salmantinos, como todos los ganaderos del país, vendían y compraban sus animales en las ferias de ganado. Al final de los tratos, bien el comprador, bien el vendedor, invitaba para celebrar el éxito de la operación. Al convite, además de las partes, se sumaban los acompañantes del que compraba y del que vendía, el o los que intervenían para mediar en la operación si surgían desacuerdos, y cómo no, los gorrones que nunca faltan. Este convite se llamaba corrobra, que quería decir corroborar, y que venía de robra, que era el contrato que firmaban las partes. Con el tiempo, las corrobras, salieron de las ferias y llegaron a los pueblos para festejar el Día de las Águedas, el Martes de Carnaval y otras fechas señaladas. Y ahora viene la pregunta: ¿Por qé digo corrobla si eran corrobras? Pues he aquí la respuesta: Los serranos salmantinos, al igual que con otras palabras, le cambiaron la erre por la ele, y con corrobla se quedó para los restos, digo se quedó porque aunque ya nadie hace corroblas, se sigue utilizando como nombre de algunos establecimientos. Es fácil encontrar por la zona algún bar o restaurante que se llame La Corrobla. ¿Hay alguna forma más hermosa de conservar nuestras catetas?

lunes, 12 de noviembre de 2012

Sobrado o sobrao

¡Hola! ¿Habéis visto en los comentarios la cateta extremeña que nos ha dejado Maripaz? Pues bien, por aquí también tenemos una cateta para decir truje o troje: sobrado o mejor dicho sobrao, que es muy de esta tierra ignorar la d de las terminaciones en ado. Era también el lugar donde la gente del campo guardaba los frutos de las cosechas que sobraban o no se vendían por alguna razón. Quizá de ahí venga la palabra: guardar las sobras, lo que sobraba, lo que no se hacía dinero porque se necesitaba para el consumo familiar. En las casas de los pueblos ya no hay sobraos, se van reformando y esa pieza en la parte más alta sobra. Ahora los herederos de las casas prefieren hacerse una bodega, para guardar vinos, quesos y embutidos con los que obsequiar a los amigos que van de visita y les permiten presumir de “chalé”. Los frutos de las cosechas o no nacen porque nadie los siembra, o se mueren en el lugar que nacen porque nadie los recoge. Pero aunque nadie utilice esta palabra, yo diría que todos la conocen. Le sucede lo que a otras muchas: que como ya no hay sobraos, no hay que subir o bajar de ellos, o sea, ha desaparecido la necesidad de usarla. Pero personalmente la sigo escribiendo, y si yo la escribo, al menos yo la seguiré leyendo.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Magosto

¡Hola!: ¿Te vienes de magosto? Pues aunque con algo de retraso –debimos ir anteayer-, vamos a hacer el magosto, hace una tarde de viento pero seguro que arde la hoguera y lo pasaremos muy bien. ¿Que te explique antes qué es el magosto? Pues naturalmente, para eso estoy aquí. El magosto se hacía en la Sierra salmantina en particular y en todos los pueblos de la provincia en general la tarde del 1 de noviembre festividad de Todos los Santos. Mientras que los mayores se iban a sufrir al campo santo, los jóvenes se iban a divertir al campo. Iban en pandillas, cada cual con la suya. Todos llevaban un cestillo de castañas, nuevas si ya habían nacido las primeras, o del año anterior si la cosecha venía con retraso. Ya en el campo hacían una hoguera, asaban las castañas y a comerlas entre risas, bromas y demás ingredientes propios de estas reuniones. El magosto pues era la hoguera, las castañas, la excursión. ¿Cómo, que no te apetece? Ni a mí tampoco, entre otras razones porque ya nos han prohibido hacer lumbre en el campo, este año todavía no hay castañas y ya no se guardan de un año para otro, ya hemos pasado la edad de saltarnos las leyes a la torera sin más y para colmo los jovencitos se reirían de nosotros; ellos, ahora, prefieren, aunque algunos se jueguen la vida como este año en Madrid, hacer o ir, que no sé qué verbo es correcto, de halloween. ¿Pero a que te ha gustado descubrir esta palabra? Pues a usarla en cuanto haya castañas, que en casa también puede hacerse un magosto.

martes, 9 de octubre de 2012

Tupir, tupirse y tupa

¡Hola! No hace falta que lo jures. Ya sé que te han llamado más la atención las catetas comentadas por Helita que la de mi última entrada. Pues bien, entra un instante; también están en mi mercadillo y quiero hablarte de ellas. Es curioso observar el sentido tan distinto que les damos a las palabras en unos y otros lugares. En Salamanca también se utiliza el verbo tupir o tupirse para decir que estamos hartos de comer, pero ojo, no de comer mucho, más bien de comer algo con tanta frecuencia que se le ha cogido manía. “Me encantaban las lentejas pero he comido tantas que ya estoy tupida de ellas y no puedo tragarlas”. Pero el verdadero sentido que por estos lares se le da a tan bello verbo es psicológico. “Llévate a los niños que ya me tienen tupida”, o sea, harta de aguantarlos. “Queda uno tupido”, es decir, harto, cansado de un trabajo físico o labor continuada. “Me voy a dar un paseo que ya estoy tupida de estar sentada”. “¿Pero es que no te tupes de dar guerra?”, diría una madre tupida de las travesuras de su hijo. Y vamos a la palabra tupa. Aquí no se dice tupitada, se dice tupa, y con muy distinto sentido. Fíjate en estos ejemplos: “¡Vaya tupa a correr que nos hemos dado!” “¡Qué manera de llover! Mira que tupa de agua traigo, y de momento sigue lloviendo”. “¿Será animal? Acaba de darle una tupa de palos al burro que lo ha dejado baldado”. Un poco salvaje el ejemplo ¿verdad?, pero quería decirte que la tupa además de cansancio, de agua y otras molestias, puede ser de palos. Por último habrás observado que tanto del verbo como de la palabra hablo en presente. Tiene su explicación, se siguen utilizando, aunque eso sí, por personas mayores, en su mayoría procedentes de zonas rurales y de bajo nivel cultural, lo que las convierte a la vez en catetas.

lunes, 8 de octubre de 2012

Guipar

¡Hola! ¿Me prestas cinco minutos? Me sobran tres para presentarte una palabra que a buen seguro te resulta familiar. Se trata de la palabra guipar: ver, descubrir, percivir algo que nos quieren ocultar. ¿A que aunque te resulta cateta no te resulta desconocida? Naturalmente. Me atrevo a decir que esta palabra se ha utilizado en todos los pueblos de España pero merece un hueco en mi mercadillo porque o mucho me equivoco o en la sierra salmantina se utilizó más que en otras zonas. Fíjate en estas frases: “Guardé bien la tarta de cumpleaños pero al final me la guiparon antes de tiempo y tuve que sacarla”. “Guarda bien los regalos de reyes si no quieres que los chicos te los guipen antes de tiempo”. “No me escondas los bombones que ya te los he guipado”. Pues bien, si la conoces, ¡anímate a usarla! Es preciosa.

domingo, 7 de octubre de 2012

Viciar o aviciar

¡Hola! Al hilo de la cateta vicio, que también fue muy usada en Extremadura según nos comenta Helita, quiero presentaros el verbo viciar o aviciar, que de ambas formas se decía. Está claro que significa abonar las tierras, estercolarlas con estiércol. En Salamanca, como supongo que en Extremadura, no es que hayan desaparecido estas palabras, es que han desaparecido los que las usaban, o sea, los campesinos, pero seguro que entre los que quedan todavía hay alguien que las usa sin rubor alguno.

domingo, 30 de septiembre de 2012

¡Malóvade!

¡Hola! Después de varias semanas y con prisa, os presento una expresión rarísima: ¡Malóvade! ¿Que qué significa? Literalmente ¡qué lástima! Ejemplo: “¡Malóvade! Pensaba llamarte anoche, pero al final se me olvidó”. ¿De dónde viene esta expresión y por qué? Ni idea. ¿Se sigue utilizando? A lo mejor exagero pero creo que solo la utilizo yo. Por lo tanto, no está muerta.

sábado, 16 de junio de 2012

Furriona

¡Hola! ¿Pensabais que me había olvidado? Pues no, aquí estoy, para dejar en mi mercadillo la cateta pendiente.
Furriona: gran fiesta, fiesta muy grande, generalmente de jóvenes, fiesta en la que corren sin freno el vino, la comida y demás ingredientes propios de un fiestón.
Desconozco el origen y no se me ocurre ninguno razonable. Solo puedo deciros que nunca la oí fuera de la Sierra salmantina, ni siquiera en otros pueblos de la provincia. Es de las más catetas pues, pero ¿a que os gusta más que la palabra botellón? Pues a la venta está, el que quiera que la compre, solo cuesta una visita y llevarla en la memoria.

jueves, 14 de junio de 2012

Comerse la inclusa y comerse a Dios por una pata

¡Hola! ¿Qué tal? Yo muy bien, dispuesta a matar dos pájaros de un tiro, pero tranquilos que ni veo pájaros a mi alrededor ni tengo escopeta; es simplemente la expresión que me permite anunciaros que hoy traigo a mi mercadillo dos catetas que significaban lo mismo, una digamos que más normalita, la otra más bien suena a blasfemia. Son las siguientes expresiones: comerse la inclusa y comerse a Dios por una pata. Con ambas se decía lo mismo: comer mucho, con ganas y bien. Algunos ejemplos: “Traigo tanta hambre que ahora mismo me comería la inclusa”. “No sé tus hijos pero los míos se comen a Dios por una pata”. “Parece que van a comerse la inclusa y luego me toca tirar comida”. “Estos son capaces de comerse a Dios por una pata”. “A estos todo le viene bien, son capaces de comerse la inclusa”. En estos ejemplos podemos observar lo siguiente: comerse la inclusa se utilizaba tanto para afirmar que se comía mucho, como para decir que parecía que se iba a comer mucho y luego no se era capaz; comerse a Dios por una pata, sin embargo, solo se utilizaba para afirmar, es decir, que o le quitabas el plato, o se lo comía también.
¿De dónde vienen estas expresiones tan de la Sierra salmantina? La inclusa, como es sabido, era la casa oficial, el centro o lugar donde iban a parar los niños expósitos para ser cuidados y criados. Los niños que llegaban a las inclusas no lo hacían con un pan debajo del brazo precisamente, y desgraciadamente tampoco en ellas lo encontraban de sobra, eran tiempos difíciles, para todo y para todos. Es normal pues que aquellos niños siempre se quedaran con hambre, y que de no andar las monjas al hilo, fueran capaces de comerse lo suyo, lo del compañero de mesa y lo de toda la inclusa. Nada raro pues es que de esta circunstancia venga la fama de “tragones” de aquellos niños, fama que con el tiempo salió de las inclusas y la calle se encargó de formar esta expresión que no tardó en echar raíces. De comerse a Dios por una pata, ni conozco el origen verdadero, ni se me ocurre una posibilidad aceptable, a lo más que llego es a suponer que en alguna furriona…
¡Ah!, ¿Que qué significa esta palabreja? Entiendo que te guste. Es preciosa. Pero te lo contaré mañana, es hora de cerrar el mercadillo y quiero acabar de colocar estas.
Decía que posiblemente, en alguna furriona, algún “alcornoque”, de los que nunca faltan en tales eventos, dijo la frase sin pensar, de forma espontánea, por casualidad, la frasecita hizo gracia, todos la rieron y pasó a formar parte del vocabulario popular, que las palabras, como las cosas y las personas, de cien veces una triunfan por lo que valen, y las demás por el ruido que hacen.
Por último añadir que fuera de la sierra solo se utilizaban y se siguen utilizando en las familias que proceden de allí, y como es mi caso por parte materna, no tengo que empezar a utilizarlas, las utilizo desde niña.

jueves, 24 de mayo de 2012

Ir en piernas

¡Hola! Hoy que por fin, después de siete meses de frío y no sé cuántas semanas de una primavera que tan pronto se adelanta al verano como se atrasa al invierno, he podido salir a la calle en piernas, te presento, con gran alivio, esta expresión.
¿Que qué querían decir con ella nuestras madres y nuestras abuelas? Pues sencillamente que iban sin medias, con las piernas al aire, es decir, lo que todas hacemos en cuanto llega el buen tiempo, y si lo seguimos haciendo, ¿por qué vamos a dejar de decirlo? Yo desde luego no, estoy tan encantada de ir en piernas, como de usar la expresión.

lunes, 14 de mayo de 2012

No valer ni para atar una escoba

¡Hola! Pasa y siéntate aquí, a la sombra, que por fin hace calor, y mientras descansas te presento una de mis catetas: No valer ni para atar una escoba.
¿Qué qué se decía con esta expresión? Pues que se estaba ante una persona sosa, parada, de poca iniciativa y ninguna decisión, o sea, que no valía ni para hacer lo fácil. Y dicho esto, adivino la pregunta: ¿Tan fácil era hacer una escoba que para llamar a alguien inútil surgió la expresión? Pues sinceramente creo que no, que hacer una escoba era todo un arte. Primero había que esperar a tener las plantas necesarias y luego cortar, seleccionar y preparar las ramillas que iban a utilizarse. Después, convertidas en varillas flexibles, había que ordenarlas minuciosamente para fijarlas al extremo de un palo, si la escoba era para barrer las casas, o a un mango, si la escoba era para barrer la calle, los corrales o la parva, con un trenzado que se remataba con un laborioso nudo. Pero era algo que todos sabían hacer muy requetebién, y como lo que sabemos hacer siempre nos parece fácil, dieron por hecho que las personas así no valían ni para atar una escoba.
Mil años hace que no oigo esta expresión y nunca la oí fuera de estos lares, pero teniendo en su construcción la palabra escoba, no va a permitir que la borren del mapa; por lo tanto, si lees algo que yo escriba, seguro que antes o después te la encontrarás, y no preguntes qué significa, que a por la respuesta, te mandaré al mercadillo.