Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: martingala, que se usaba con el sentido de astucia, engaño, nunca demasiado grave.
-Déjate de martingalas que no vas a convencerme.
-No le hagas mucho caso, que tiene muchas martingalas.
¡Bienvenido a mi mercadillo! Aquí podrás encontrar palabras y expresiones salmantinas que la cultura mal entendida arrinconó por catetas. Me parece tan impropio de los que tenemos el don de hablar avergonzarnos de ellas, que hoy, para ponerlas en el lugar que les corresponde, abro este mercadillo. ¿Te gustaría ayudarme? Espero tu visita y, si quieres traerme un regalo, ya sabes lo que me gusta: una cateta de tu tierra. Seguro que tienes muchas. Y antes de irte, ojea mi periódico.
Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: martingala, que se usaba con el sentido de astucia, engaño, nunca demasiado grave.
-Déjate de martingalas que no vas a convencerme.
-No le hagas mucho caso, que tiene muchas martingalas.
Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: traerlo a mal traer.
Esta expresión es igual a las dos anteriores: traerlo al retortero y traerlo al estricote, pero también con una salvedad: solo se trae a mal traer a las personas. Por ejemplo los hijos adolescentes a los padres: salen de noche y no dicen dónde van, dicen regresar a una hora y se olvidan del reloj, con lo que traen a los padres, sobre todo a las madres, a mal traer.
Cosas normales.
Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: traerlo al estricote.
Traerlo al estricote es igual que traerlo al retortero, pero con un matiz importante: al retortero se pueden traer a las cosas y a las personas; sin embargo, al estricote solo se pueden traer las cosas.
Al estricote, por ejemplo, se traen los abrigos, las faldas, los pantalones… y es cuando se cuidan tan poco que siendo prendas nuevas parecen viejas.
Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: traerlo al retortero.
Al retortero igual se puede traer a alguien que a algo y no es otra cosa que traerlo a vueltas, de un lado a otro, de acá para allá para perder tiempo y hacer perder los nervios. Fijaos en estas frases:
-Yolanda no sabe como decirles a sus alumnos de primaria que no traigan todos los lápices al retortero, que no estrenen uno hasta que no se queden sin otro, pero ellos ni caso, si no se acaba la mina, tiran de sacapuntas y listo. Ser niño no significa ser tonto.
-Cristina se enfada con sus hijos por lo que su madre se enfadaba
con ella: por traer la ropa al retortero, porque se la deja encima de la cama planchada
y doblada para que la metan en el armario, pero de la cama va a la silla, de la
silla a la mesa, de la mesa al suelo, y al final tiene que hacer lo que hacía su
madre: o colocarla ella, o volver a llevarla a
-Es imposible trabajar para esa persona, te manda hacer una cosa, y antes de que empieces , te manda otra, y en lugar de reconocer que te tiene al retortero toda la jornada, dice que no le paga a nadie por vaguear. Lo mejor es cambiar de jefe o de jefa.
Gracias por la visita y hasta pronto.
Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: ser peor que la carne de pescuezo.
No sé como será la carne de pescuezo: no la he comido nunca. Pero debe ser malísima pues así se decía que eran las personas malas, muy malas, peor que malas.
Tampoco entiendo que haya dejado de usarse esta expresión. Sigue habiendo personas malísimas, pero así somos de ingratos: olvidamos las palabras aunque las sigamos necesitando.
Bienvenido a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra de mis catetillas: Atrochar, que significa atajar para llegar antes a un sitio, acortar para ganar tiempo, pero siempre por malos caminos, lo que generalmente hacía que usando el verbo se consiguiera lo contrario de lo que se pretendía.
Si alguien no perdió el tiempo alguna vez atrochando, seguro que lo perdió después descansando, pues como reza el refrán “No hay atajo sin trabajo”.
Gracias por la visita y hasta pronto.
Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: zascandil, que es la persona que anda de un lado a otro sin más objetivo que el de matar el tiempo, estorbar, incordiar, vaguear… lo que da para muchas frases con las que decirle a alguien que no es persona de provecho.
Zascandiles son los niños que andan detrás de la madre impidiéndole hacer las tareas con tranquilidad, zascandilear es lo que hacen los que se pasan el día de sitio en sitio sin que nadie los llame allí, andar como un zascandil son los que se dedican a ver trabajar a los demás en lugar de animarse a imitarlos, etc., etc., etc.
Gracias por zascandilear por estas líneas, que tampoco es tan malo perder unos minutos de vez en cuando, y hasta pronto.
Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra de mis catetillas: quedarse clisado, expresión que significa quedarnos con los ojos fijos y muy abiertos ante algo o ante alguien, es decir, embelesados, deslumbrados, como hipnotizados…
No parece que esta palabra tenga que ver con el verbo clisar, es más lógico relacionarla con el verbo eclipsar, pero venga de donde venga por aquí los niños se quedan clisados ante los regalos de los fantásticos Reyes Magos, las mujeres se quedan clisadas ante los preciosos modelitos de un escaparate y los hombres, si se compran alguno y les queda igual que al maniquí, se quedan clisados ante ellas.
¿Quién o quiénes la siguen utilizando?
Gracias por la visita y hasta pronto.
Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla. Hoy se trata de una expresión: ¡Y zurra que es tarde!
Las zurras pueden ser de palos, de agua, de miedo, de trabajo, de hartazgo… pero ¿con qué sentido se usaba esta expresión? Cuesta definirlo correctamente. Es posible que para muchos significara lo mismo que ¡y vuelta la burra al trigo!, que ya está en el mercadillo. Sin embargo yo la asocio a reproche o a queja.
-Le digo que no tape las hortensias, que aguantan más el frío que el calor ¿y zurra que es tarde!, hasta que no las mate no para.
Si alguien conoce otros usos, queda invitado a compartirlos.
Gracias por la visita y hasta pronto.
Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: alcandrueca, que quiere decir desaliñada.
-Ni se te ocurra salir a la calle con esos pelos que vas hecha una alcandrueca
Guapa es guapa pero con esas vestimentas que se pone parece una alcandrueca
Sobra decir que esta palabra solo se usaba en femenino.
Gracias por la visita y hasta pronto.
Bienvenidos a mi mercadillo. Hoy vengo con una palabra que a juzgar por la de practicantes que sigue teniendo no debería estar olvidada: trapacero, que miente, que engaña… que tiene de tramposo todo lo que le falta de inteligente.
-A ese ni caso, es un trapacero.
-Es tan trapacero que nadie quiere cuentas con él.
También había, y sigue habiendo, mujeres trapaceras, aunque como hacían menos vida social que los hombres, pasaban más desapercibidas.
Lo bueno de los trapaceros es que se los pilla enseguida. ¡Menos mal!
Saluditos.
Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: mañanita o mañanitas, que igual se usaba en singular que en plural.
Una mañanita es una prenda de vestir hecha de punto y
abierta por delante que cubre desde los hombros a la cintura y que utilizaban
las mujeres para estar en
Posiblemente fuera esta prenda la responsable de que por estos lares se utilizara la palabra como insulto también, porque mañanita o mañanitas eran los chicos sensibles, delicados, cuidadosos, es decir, de actitudes más propias de las chicas.
Cosas de otros tiempos afortunadamente.
¡Hola! Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: plexiglás.
Significado: Digamos que es una especie de plástico muy flexible y de color transparente que servía para fabricar bolsos, manteles, zapatos para bebés y hasta prendas de vestir para adultos como impermeables.
Normal que dejara de usarse. Pocas cosas se hacen ya, si es que se hacen algunas, de este material que antaño fue tan útil, pero ¿a que vale la pena recordarla?
Hola! Bienvenidos a mi mercadillo. Aquí estoy, con otra catetilla: parlárselo. Pero hoy no seré yo quien explique su significado, lo hará uno de mis poetas preferidos: Gabriel y Galán. ¡Ni más ni menos! Y para saberlo habrá que llegar al final de este hermoso poema suyo.
El don juan
Amo, de aquella cuestión
de ayer, pues ya me atreví.
-¡Gracias a Dios, cobardón!
¿Y qué te dijo?
-Que sí.
-¿Ves, Jenaro? Si te dejo
no llegas nunca a animarte
y te me mueres de viejo
con las ganas de casarte.
Me gusta la valentía.
Y la lengua, ¿se enredó?
-Pues, mire usted, yo creía
que iba a ser más; pero no.
Y eso que al dir a empezar,
por mucho que porfié,
pues no me pude acordar
del emprencipio de usté.
-¡Por vida de!... ¿Y qué jinojos
hiciste entonces, Jenaro?
-Pues, nada, cerrar los ojos
y dir p'adelante.
-¡Pues claro!
Cuando se ignora, se inventa.
-¡Pues ese fue el aquél mío!
Me tuve que echar la cuenta
que se echa el hombre perdío,
y como un eral cerril
arremetí con alientos,
porque ya, preso por mil...
Pues preso por mil quinientos.
No es más que mientras se empieza.
Yo cuantis que me corté,
pues na más de mi cabeza
cuasi todo lo saqué.
-¡Bien hecho! ¿Y le gustaría
bastante más que lo mío?
-Yo le dije asín: «María:
dirás que a qué habré venío».
-¿Y qué te dijo?
Que hablara.
Ella abajó la cabeza
y se le puso la cara
lo mesmo que una cereza.
A mí también se me ardía,
la verdá se ha de decir;
pero le dije: «María:
¿sabrás que tengo un sentir?»
-¡Bien dicho! ¿Y no te comieron
porque hiciste esa pregunta?
-No, pero se me pusieron
todos los pelos de punta.
Yo cuasi que no veía,
la verdá se ha de decir;
pero le dije: «María:
sabrás que tengo un sentir.»
Cuasi que me han obligao
-le dije- a venir acá,
que yo bien retuso he estao
por mó de la cortedá;
pero el amo que sabía
mi sentir, pues ayer tarde
mesmamente, me decía:
«Jenaro, ¡no seas cobarde!
La moza es poco fiestera
y poco aparentadora,
y no es moza ventanera
y es árdiga y vividora.
Y luego, es bien parecía,
y es callaíta y prudente,
y es honesta y recogía
y viene de buena gente...
Anda con ella, comienza
mañana a la noche a dir,
que a cuenta de la vergüenza
te la dejas escurrir...»
Pues sobre aquello volviendo
del sentir que te decía,
sabrás que te estoy quisiendo
ya hace tres años, María.
Siempre he andao negativo
dejándolo pa dispués,
y na más es a motivo
de lo corto que uno es.
Y asín me estaba, me estaba,
aguantándome el sentir,
a ver si se me pasaba,
la verdá se ha de decir.
Y hate cuenta que cada año
pues más me reconcomía,
hasta que ya dije hogaño:
¡Habrá que estar con María!
Porque en habiendo un querer,
la verdá se ha de decir,
ni cuasi puedes comer
ni cuasi puedes dormir.
Y no es el decir que uno
esté encitando el pensar,
porque yo creo que nenguno
quedrá siempre asín estar.
Es na más que te aficionas
y que pierdes la chaveta
en cuantis que una persona
por los ojos se te meta.
Y que ya nadie te apea
ni te hace volver atrás
y llevas aquella idea
por andiquiera que vas.
Pues un querer derechero
como el corazón te ablande,
es igual que un abujero:
cuanti más le hurgas, más grande.
-¡Caramba! ¡Muy bien, Jenaro!
Y ella entonces te diría...
-A lo primero, pues claro,
dijo que ya se vería.
Pero dispués, ya ve usté,
la gente se va atreviendo.
Yo le dije: «Volveré»
Y ella me dijo: «Vay viniendo».
-Vamos, sí, que habrá casorio.
-De eso entá no hemos tratao.
Sólo el parlárselo..., ¡Corio!,
¡más vergüenza me ha costao...!
Gracias por la visita.