sábado, 7 de abril de 2012

Pesebre

¡Hola! Hoy te traigo una palabra la mar de curiosa: pesebre. ¿Que la conoces de sobra? Pues no, creo que no; fuera de esta tierra no la he oído nunca y suelo fijarme en estas cosas. Pero no te falta razón. Pesebre es un cajón alto, rectangular, de madera y paredes gruesas donde comen los animales, también el belén que tradicionalmente montamos en Navidad, pero en algunos pueblos de Salamanca, no en muchos, significaba cataplasma, cabezón, o algo a caballo entre ambas cosas. Pesebre pues era un niño que le decías ven y seguía con lo que tenía entre manos, que le negabas algo, y seguía y seguía pidiéndolo, aunque eso sí, sin alterarse, que le decías por aquí, y seguía por allí, ¡vamos!, que le hablaras como le hablaras, él ni flores.
Lo curioso de esta palabra es que solo se usaba para los niños, nunca para las niñas, ni tampoco para los adultos. ¿Que si no había niñas pesebres? Claro que las había pero es posible que quien tuvo la ocurrencia de relacionar esta actitud de los niños con los pesebres de los animales –seguramente por las propiedades de firmeza, de dureza que comparten- desconocía que hay palabras que sirven para los dos sesos y lo de pesebra le sonó mal.
Aunque nadie utiliza ya esta palabra, yo la sigo utilizando, tanto para niños como para niñas, aunque eso sí, para que ni unos ni otras me cojan manía, suelo recurrir al diminutivo y los llamo pesebritos, tiene más dosis de cariño que de enfado y para evitar "enfermedades" me parece imprescindible administrar bien las fórmulas de las palabras.

sábado, 24 de marzo de 2012

Ser de cáscara amarga o tenerla

¡Hola! He aquí una expresión muy acertada: ser de cáscara amarga o tenerla.
Se decía por estas tierras de las personas malas, pero puntualicemos, no de las personas malas a conciencia, dispuestas a hacer daño porque sí o porque no, de las personas que nunca hacían un favor a nadie, que a nadie echaban una mano, que ni siquiera por interés daban confianza para pedirles algo por insignificante que fuera.
El sentido le llegó sin duda de la fruta que por ácida y de piel verde no hay quien le clave el diente.
Sigue habiendo personas sin azúcar. Por lo tanto, no puedo dejar de usarla. ¿Qué te parece?

jueves, 8 de marzo de 2012

Espiga y espigar

¡Hola! Hoy vengo con dos catetas tan valientes que para los de casa no necesitan presentación: espiga y espigar.
La espiga era, es y seguirá siendo a juzgar por su buena salud, el dinero que en las bodas dan los invitados a los novios como regalo, y espigar, claro está, el hecho de darla.
Las llamo valientes porque ni la cultura ni la incultura han sido capaces de arrinconarlas. Al contrario. Nacieron en el pueblo, en el pueblo se criaron y en el pueblo vivieron y envejecieron, pero con los años, seguramente cuando las bodas dejaron de celebrarse en las casas para hacerlo en los hoteles de la ciudad, empezaron a viajar con tanta naturalidad que todavía hoy, en todas las bodas, absolutamente en todas, al final del banquete, los invitados desfilan ante la mesa nupcial para espigar y los novios, radiantes de felicidad, recogen la espiga.
¡Enhorabuena!
Añadir además que el conjunto de todas las espigas también es llamado la espiga.

martes, 6 de marzo de 2012

Ser de colmillo retorcido o tenerlo

¡Hola!
¿Te ha gustado alguna de mis catetas? Pues a ver qué te parece ésta: ser de colmillo retorcido y tenerlo, que con ambos verbos hacía buenas migas.
¿Que si quería decir lo mismo? ¡Ni mucho menos! Ser de colmillo retorcido era ser astuto, falso, de mal carácter y enemigo de dar confianzas; tenerlo lo tenían los que gracias a su experiencia no se dejaban engañar, manipular o convencer fácilmente. Tanto en un caso como en el otro se utilizaba en contra del aludido, para afear su conducta, nunca para alabársela. En el primer caso, siempre lo entendí, en el segundo, nunca. ¿Por qué el tener experiencia estaba tan mal visto? -me preguntaba de niña, y en cuanto fui mayor, encontré la respuesta: eran malos porque los que quieren engañar y no lo consiguen, los que quieren manipular y no pueden, los que quieren convencer de algo que no deben tienen por sistema transformar su defecto en virtud y las virtudes de los otros en defectos. Así éramos los seres humanos, así somos y seguiremos siendo. Por lo tanto y hasta que las personas no cambiemos, seguiré usando esta expresión con ambos verbos, pero eso sí, con el verbo tener para las personas difíciles y con el verbo ser para las experimentadas.

sábado, 25 de febrero de 2012

Darle en las mataduras

¡Hola! Acabo de hablar con una amiga de la palabra mataduras. Según ella, su abuela, también de un pueblo salmantino, usaba la expresión darle en las mataduras, es decir, decirle a alguien algo con la intención de herir su amor propio, su orgullo, su dignidad. ¡Vamos!, darle donde más le duele, para que se fastidie.
Queda claro pues que viene de una palabra con mucho sentido común. ¿Hay algo más molesto que el que te hurguen en una herida? Por esto está bien que la conozcamos, pero usarla, mejor no hacerlo, darle a alguien en las mataduras es algo que sólo podemos hacer con mala intención, y está bien que nos apropiemos de las palabras que se inventaron para los animales, pero de las conductas propias de ellos…

domingo, 19 de febrero de 2012

Las mataduras

¡Hola! Me gustaría que nunca tuvieras que utilizar esta palabra, pero por si acaso, te la presento: mataduras.
Las mataduras eran esas heridas que causan en los pies unos zapatos cuando son nuevos, de baja calidad o cuando son de un número inferior al que necesitan. ¿Molesto, verdad? Tanto que hasta sobraba decir lo que se decía en tal circunstancia: “Traigo unas mataduras en los pies que no puedo dar un paso más”, porque bastaba mirarles a la cara para saber que los zapatos les habían hecho daño.
Ésta es una de esas palabras que nació para los animales y que las personas, de forma espontánea, decidieron usar para ellas, fenómeno muy propio de las zonas rurales. Las mataduras son las llagas que se les forman a las bestias al ludirles el aparejo o cualquiera de los aperos. Puede que por esta razón parezca más catetilla que las demás, pero no cabe duda de que es una palabra con mucho sentido común, las mataduras matan y unos pies víctimas del roce del calzado son unos pies matados, o sea, muertos. Así pues y por la cuenta que me tiene procuraré no tener que usarla más que para escribirla cuando venga a cuento.

jueves, 16 de febrero de 2012

Ser el ojito derecho

¡Hola! ¿Cómo estás? Yo encantada de presentarte esta expresión: ser el ojito derecho.
Ser el ojito derecho de alguien era ser su persona preferida, la más querida entre todas, la más mimada, la más consentida, esa persona que hiciera lo que hiciera y como lo hiciera, siempre y todo estaba bien hecho. Los ojitos derechos niños no tenían que ser necesariamente de la familia, podían serlo hijos de amigos, de vecinos, pero los adultos tenían que ser hijos, padres, nietos, abuelos, hermanos o parientes que sin ser muy allegados tuvieran muy buena relación. Algunas construcciones verbales a modo de ejemplo: soy su ojito derecho, eres mi ojito derecho, es tu ojito derecho, somos el ojito derecho de…
De esta expresión cabe decir que nunca la oí en la ciudad, siempre en los pueblos de la Sierra salmantina, pero ¿por qué siendo los dos ojos igual de importantes era el derecho el que la formaba y no el izquierdo? Posiblemente por esa tan arraigada creencia en la zona de que por el ojo derecho se veía más que por el izquierdo, no lo sé, pero fuera por lo que fuera, lo cierto es que era una expresión muy bella, y como quiera que desde que el mundo es mundo este sentimiento sigue aflorando en los seres humanos, por mi parte, en lo que alguien sea mi ojito derecho, la seguiré utilizando. ¿Y tú?

martes, 14 de febrero de 2012

Oficios

¡ Hola! La primera palabra que quiero presentarte es la palabra oficios. Los oficios, en las zonas rurales, eran las tareas domésticas, es decir, esas tareas que todos los días había que hacer en casa: las camas, barrer, fregar…
He aquí una lista de frases que salpicaban las conversaciones entre mujeres: “Hoy estoy tan cansada que no tengo ganas ni de hacer los oficios”. “Con los niños en casa no doy oficio hecho”. “Me voy que llegan todos a comer y no he terminado los oficios”. “Hay que ver las ganas de hablar que trae, parece que no tenga oficio en casa”. “No sé cuándo hace los oficios, siempre está en la calle”. “En cuanto acabe los oficios voy a echarte una mano”.
De esta palabra surgió la expresión estar o quedarse como sin oficio. La decía alguien que veía el final de un problema grave o se veía libre de una obligación penosa. Por ejemplo a la muerte de un familiar al que durante años enfermo se había tenido que cuidar. “Estoy, me he quedado como sin oficio”. Expresaba pues alivio, sensación de vacío.
La expresión no era otra cosa que la forma de decir lo duras que eran estas tareas. De la palabra hay que decir que siempre era pronunciada por las mujeres, nunca por los hombres, y era normal, los hombres, aunque la casa estuviera patas arriba, no hacían los oficios.
Las mujeres ¡qué remedio! siguen haciendo los oficios, incluso los hombres ¡qué remedio! se han sumado a hacerlos, pero ni en los pueblos se utiliza la palabra, ahora se hacen las tareas domésticas, las labores del hogar o la casa. Pero por mi parte, lo tengo muy claro, en lo que tenga que hacerme cada día la cama, limpiar el baño y colocar el lavavajillas, seguiré haciendo los oficios; tareas las tengo dentro y fuera de casa, las labores del hogar me parece que son otras que ahora no vienen al caso y hacer la casa se lo dejo para los albañiles y demás profesionales del ramo, que no están los tiempos para andar quitándole trabajo a nadie.