domingo, 9 de agosto de 2015

Dolerle las carrilleras

 ¡Hola! Es algo tarde para entrar en el mercadillo, pero si no tienes sueño, pasa; solo te llevará un par de minutos, los que preciso para dejarte mi cateta de hoy: dolerle las carrilleras, es decir, cada uno de los lados de la cara. La explicación va en los ejemplos:
     Me duelen las carrilleras de decirte que no quiero verte más con esas amistades: son peligrosas.
     Hablas tanto que no sé cómo no te duelen las carrilleras.
     Que descanses.

domingo, 26 de julio de 2015

Movición

 ¡Hola! Ayer descubrí una cateta que no estaba en mi colección. Julia, en la terraza de una cafetería, nos decía:
    —Mis sobrinos se están planteando el adoptar un niño. Patricia ha tenido otra movición, y ya es la tercera o la cuarta. No se le logra ningún embarazo.
    Queda claro que significa aborto. Sobra reseñar que ya está en desuso, pero como todas las catetas, merece un sitio en mi mercadillo. ¿A que sí?

sábado, 11 de julio de 2015

Venir con once ovejas

 ¡Hola! La cateta que hoy dejo en el mercadillo seguro que no la has oído nunca: venir con once ovejas. ¿A que estoy en lo cierto? Pues atento al significado. Esta expresión, por estos lares, desconozco el porqué y no se me ocurre la razón adecuada, se utilizaba para decir que una mujer quedaba embarazada sin estar casada, algo tan bien visto ahora, como tan mal en otros tiempos. Fíjate en este diálogo:
    —Este año no han venido tus primos a la fiesta. No estarán malos –quiere decir enfermos-, ¿verdad?
   —No, pero como si lo estuvieran, les ha llegado la hija mayor con once ovejas y no tienen ganas de fiestas.
     Hasta pronto.

domingo, 5 de julio de 2015

Cabás

¡Hola! Aquí estoy, con otra cateta que tiene que ver con el material escolar de antaño: cabás.
      Era el maletín donde los niños llevaban a la escuela sus libros, sus cuadernos y demás cosas. Generalmente eran de cartón, pero los había de madera, preciosos, por cierto. 
     Ni te imaginas a los niños de ahora con un cabás de aquellos, ¿verdad? Pero seguro que les gustará saber que existieron si les dices la palabra que, no por ser cateta, deja de ser tan hermosa como lo que predica.
     Hasta pronto.

domingo, 14 de junio de 2015

Plumier

 ¡Hola! Hoy vengo al mercadillo con una cateta que a no pocos visitantes les traerá gratos recuerdos: plumier. ¿A que no me equivoco? 
    El plumier era aquel estuche de madera donde los niños que hoy andan por los 60 llevaban a la escuela sus plumas, sus lápices y sus pinturas de colores. Eran preciosos y al abrirlos olían a prisa por aprender. Los Reyes Magos, aunque las plumas –de donde le vino el nombre- hubieran sido sustituídas por los bolígrafos, pocos años venían con un plumier de un piso o de dos, que también los había, y a veces hasta con un polígono para el sacapuntas y la goma de borrar.
    ¿Guardas alguno? Si es así, no se lo des a nadie, los bolígrafos lo prefieren a un vaso.
    Hasta pronto.

miércoles, 10 de junio de 2015

Escañeta

 ¡Hola! Ya que traje el escaño al mercadillo, tendré que traer la escañeta, aunque solo sea por razones de pareja. También es una palabra cateta. La escañeta se diferenciaba del escaño en que medía menos de largo. En la escañeta podían sentarse una persona o dos a lo mucho; en el escaño, hasta tres o cuatro.
Hasta pronto.

martes, 9 de junio de 2015

Escaño

 ¡Hola! Esta cateta seguro que no te parece cateta, pero lo es, y mucho. Hablo de la palabra escaño. ¿Te suena familiar, verdad? La oyes con frecuencia en  los medios de comunicación. Son los bancos donde se sientan los parlamentarios en las cámaras. Pero el escaño que yo traigo al mercadillo es el de nuestros abuelos, aquel banco de madera, con respaldo, con brazos,    ubicado, generalmente, en la cocina, para que nos sentáramos a comer y a parlamentar al amor de la lumbre.
    ¿Lo recuerdas?
    Hasta pronto.

sábado, 9 de mayo de 2015

Enguerar

¡Hola! Aquí estoy, con otra cateta, enguerar.
 Puede que en otras zonas de España se use, mejor dicho, se usara, con otro significado, en los pueblos salmantinos se utilizó siempre con el sentido de perder el tiempo para no hacer algo, enredarlo como pretexto.
 Vamos, deja de enguerarme con tus historias que tengo prisa, y el reloj no espera por nadie.
 Pensaba hacer una tarta pero al final me engueré con otros platos en la cocina y no la hice. 
 Deja de enguerar en otras páginas y entra en mi mercadillo si no quieres perder el tiempo. ¡ja, ja, ja!
 Gracias.

domingo, 3 de mayo de 2015

Irse a Extremadura

 ¡Hola! Me atrevería a decir, sin miedo a equivocarme, que la cateta que hoy dejo en mi mercadillo ya no la conoce nadie, ni en Salamanca capital ni en toda la provincia.
    Se trata de la expresión irse a Extremadura, que no quiere decir, como puede suponerse, viajar a la entonces región vecina. Ni mucho menos. Irse a Extremadura es una expresión que utilizaban los salmantinos de ciertas zonas rurales para decir que se iban a la cama, a dormir, pero solo en las noches de invierno, nunca en las de verano. Te cuento:
    Sobra decir que los inviernos extremeños son más cálidos que los salmantinos. Hubo un tiempo en el que no pocas personas de Salamanca pasaban los inviernos en Extremadura, sobre todo en la provincia de Cáceres, por razones de trabajo: pastores que se desplazaban con sus rebaños, carboneros que iban a hacer cisco, familias enteras que iban a recoger algodón, tabaco y lo que hiciera falta para ganar un dinerillo que las bajas temperaturas impedían ganar aquí. A pesar de que solían vivir en chozas pasaban menos frío que en sus casas pues es sabido que las casas de aquellos años no estaban preparadas para defenderse de las fuertes heladas. Fueron estas personas sin duda las que empezaron a utilizar la expresión irse a Extremadura por irse a la cama, o lo que era igual, a un lugar más cálido.
    Creo que esta expresión nunca figuró en el diccionario. Dudo que algún extremeño la conozca. Ni siquiera fue utilizada por la mayoría de salmantinos, era patrimonio de las familias que se dedicaban a la trashumancia y oficios similares. Pero si me equivoco y tienes conocimiento de ella, dímelo por favor, te quedaría muy agradecida.

sábado, 11 de abril de 2015

Rebojo

  ¡Hola! Acabo de abrir las puertas de mi mercadillo para dejarte otra cateta. Se trata de la palabra rebojo.
       No hablo de ese dulce propio de Zamora que, por cierto, está para chuparte los dedos, hablo del rebojo salmantino, es decir, de cada uno de los trocitos de pan que sobraban del día anterior y ya no se podían comer porque estaban duros como una piedra.
       Aquellos rebojos de pan no se tiraban. Habría sido una lástima. Se utilizaban para hacer sopas de ajo y el relleno del cocido, entre otras comidas que sabían a gloria bendita.
      En la actualidad es frecuente que nos ofrezcan sopas de ajo en los mejores restaurantes, pero las pidas donde las pidas, nunca acaban de saber bien. ¿Por qué? Sencillamente porque las hacen con pan reciente y las sopas de ajo hay que hacerlas con rebojos. El problema es que nos hemos vuelto tan “cultos” en la cocina que ya ni los nombramos.
      Hasta pronto.

domingo, 22 de marzo de 2015

Rebullir

¡Hola! Aquí me tienes, con otra cateta: rebullir, que no es, aunque ya no se utilice, otra cosa que empezar a moverse.
      Voy a echarles de comer a los cerdos, que ya llevan una hora rebullendo.
      Deja de rebullir y sal de la cama, que ya se ve y hay mucho que hacer.
      Según el abuelo lloverá en breve, llevan dos días rebulléndole las rodillas, y cuando los huesos rebullen hay que sacar los paraguas.
    Hasta pronto.

sábado, 7 de marzo de 2015

Condurar

  ¡Hola! Hoy vengo con una palabra que fue muy usada: condurar, que quiere decir economizar, procurar gastar poco de algo para que dure más. Está claro que esto de la crisis viene de antiguo. Pocas cosas se podían gastar con alegría.
    Ejemplos:
    Condura el agua si no quieres volver a la fuente.
    Voy condurando el jabón pero pronto tendré que hacerlo.
    Gracias a que he condurado la matanza tenemos embutido hasta la próxima. 
    Hasta pronto.

viernes, 6 de marzo de 2015

Tarandango

¡Hola! ¿Quieres conocer la cateta que traigo hoy? Pues aquí la tienes: tarandango, que quiere decir juicio, sentido común, formalidad, cabeza y todo lo que quiera decir lo mismo.
    Fíjate en estas frases:
    Es un gran actor, pero no lo queremos en el cuadro de teatro: tiene tan poco tarandango que nos deja plantados en plena actuación.
    Se empeña en poner la mesa todos los días, pero la pone sin tarandango y cuando no rompe un plato, rompe tres vasos.
    Si tuviera tanto tarandango como buena disposición, estaríamos todos de brazos cruzados, pero como no lo tiene tenemos que hacer lo nuestro y lo suyo.
    Preciosa palabra ¿verdad? ¡Lástima que la hayamos arrinconado!
    Hasta pronto.

domingo, 22 de febrero de 2015

Engarañados

 ¡Hola! ¿Cómo estás? Yo encantada de dejarte otra de mis catetas favoritas: engarañados. ¿Que qué es lo que se engaraña? Pues casi siempre los dedos de las manos, por el frío.
        -Se me olvidaron los guantes y vengo engarañada.
        -Hoy te lo dejas caer todo, parece que estás engarañado.
        Engarañar, seguramente, es una deformación de emgarabitar, pero todavía quedan salmantinos a los que los dedos se les engarañan con el frío, no se les engarabitan, afortunadamente, porque es bonita la palabra ¿verdad?
        Hasta pronto.