¡Hola! La cateta que hoy saco de mi álbum de tesoritos para dejarla en mi mercadillo es una expresión muy peculiar. Se trata de una expresión que tiene su origen en la ciudad pero fue inventada y usada por los salmantinos de los pueblos. Casi me atrevería a asegurar que los capitalinos ni la conocen. Es la siguiente: Cuando Colón baje el dedo.
Podría traducirse por nunca, muy tarde, espera sentado, entre otras frases por el estilo que manifiestan incredulidad ganada a pulso. Fíjate en estos ejemplos:
--¿Falta mucho para que llegue el tren?
--Por su hora cinco minutos, pero coma tranquilo, como de costumbre no vendrá hasta que Colón no baje el dedo.
--¿Pero cuando piensas casarte?
--Cuando Colón baje el dedo.
Esta expresión no fue el fruto de una ocurrencia con suerte, fue la consecuencia lógica de un hecho que explico con brevedad:
Es de todos sabido que Cristóbal Colón estuvo muy ligado a Salamanca. De hecho fue huésped de los dominicos en su convento de San Esteban. Razón por la que a dos pasos del convento se encuentra la plaza que a finales del siglo XIX pasó a llamarse de Colón en su honor. En el centro de tan salmantina plaza se encuentra la estatua en bronce del descubridor con el dedo índice apuntando a América, y ahí sigue, con el dedo en alto.
Salamanca, por aquellos días, era una ciudad que vivía de los estudiantes, de las prostitutas, de los portugueses y principalmente de los habitantes de los pueblos que iban y venían a comprar y a vender. Fueron estos los que ante algo imposible por las razones que fueran empezaron a exclamar “¡Cuando Colón baje el dedo!”, y hasta que no lo baje, aunque cateta, sigue valiendo. ¿O no?
¡Bienvenido a mi mercadillo! Aquí podrás encontrar palabras y expresiones salmantinas que la cultura mal entendida arrinconó por catetas. Me parece tan impropio de los que tenemos el don de hablar avergonzarnos de ellas, que hoy, para ponerlas en el lugar que les corresponde, abro este mercadillo. ¿Te gustaría ayudarme? Espero tu visita y, si quieres traerme un regalo, ya sabes lo que me gusta: una cateta de tu tierra. Seguro que tienes muchas. Y antes de irte, ojea mi periódico.
miércoles, 23 de abril de 2014
Cuando Colón baje el dedo
sábado, 22 de marzo de 2014
Ser más tonto que Mandado hacer de encargo
¡Hola! Desconozco el origen de esta expresión, tampoco se me ocurre una explicación razonable, pero es una cateta de las más usadas en Salamanca: ser más tonto que mandado hacer de encargo, o sea, tontísimo.
Yo, desgraciadamente, la sigo utilizando, y lo lamento porque es señal de que todavía, de vez en cuando, tropiezo con personas que son más tontas que mandadas a hacer de encargo.
Te la dejo aquí con el deseo de que la conozcas, pero para no tener que usarla; es señal de que no tropiezas con los tontos que tropiezo yo.
domingo, 9 de marzo de 2014
Escabechina
¡Hola! ¿Te apetece conocer mi cateta de hoy? Pues pasa, seré breve.
Escabechina: destrozo, para entendernos.
Una escabechina era lo que se hacía la niña cuando se liaba a quitarse espinillas y se dejaba la cara hecha un cromo. “Anda, mírate al espejo, ya verás que escabechina te has hecho”. Una escabechina era lo que hacía el niño cuando cortaba la carne. “Si no quieres comer, no comas, pero no prepares esa escabechina con la comida”. Pero la peor de las escabechinas era la que hacía el barbero cuando le cortaba mal el pelo a cualquiera de los clientes. “¡Vaya escabechina que me ha preparado el tío de Dios! En cuanto salga a la calle con estas pintas, me silban hasta los perros”.
¿Qué te parece?
sábado, 8 de febrero de 2014
Tute
¡Hola! ¿Me prestas unos minutos? Los justos para hablarte de la palabra tute.
Seguramente la conoces referida al juego de cartas en el que gana quien reúne los cuatro caballos o los cuatro reyes si mal no recuerdo, pero tras esta visita a mi mercadillo, la recordarás con otros sentidos bien distintos.
Tute, por un lado, significa hacer, u obligar a hacer, un esfuerzo excesivo, fuera de lo normal, por encima de nuestra resistencia, y por el otro usar tanto algo que ya hay que tirarlo. Fíjate en estos ejemplos:
Ayer fui a buscar leña para el invierno y le di tal tute al burro por traerla toda en un día que el animalito hoy no da tres pasos seguidos.
Miedo me da pensar en el tute que me espera el fin de semana, tengo que limpiar la casa de arriba abajo, y si deja de llover, podar los rosales.
El verano pasado le di tal tute a las sandalias blancas que las dejé para tirarlas.
Si quieres que este año vayamos a la romería, vamos, pero nada de andando,, en coche, que ya no está uno para esos tutes.
No quería comprar el sillón, decía que prefería las sillas, pero se sentó en él un día para probar y vaya tute que le está dando.
Aunque no tengas para otra, tira esa camisa, le has dado tal tute que la pobre ya no puede ni con los botones.
¡Vaya tute que me di ayer a traer agua! Cuando terminé ya no sabía si lo que traía en la cabeza era el cántaro o la fuente.
Prepara agua fresca para cuando regresen los hombres del campo que hoy se han dado un buen tute a segar y con este calor...
Esta palabra tan salmantina alcanzó el grado de cateta cuando gracias a los adelantos los trabajos en general y los del campo en particular, se hicieron más soportables, más llevaderos, menos duros, y cuando el nivel económico permitió que las familias no tuvieran la necesidad de tener que remendar la ropa, pegar y volver a pegar el calzado, reparar con puntos de estaño la loza y otras cosas imprescindibles en los hogares, pero sorpresa sorpresa, acabo de descubrir que los más jóvenes empiezan a utilizarla con el verbo tocar. Te cuento:
Laura ha encontrado su primer trabajo. Como tantos otros jóvenes, en una hamburguesería. Le han hecho un contrato de cuatro meses y con una jornada laboral de veinte horas semanales, pero ojo, nada de hacer cuatro horas diarias, puede que un día haga dos, otro cuatro, otro seis... depende de lo que decida su encargada basándose en las necesidades del servicio. Ayer viernes, a las siete de la tarde, me la encontré en una tienda, y he aquí nuestra conversación:
—¿Estás de mañana esta semana? –pregunté tras saludarnos.
—Ni de mañana, ni de tarde, llevo toda la semana sin trabajar.
—¿Toda la semana? ¿Pero qué estás, de vacaciones o de descanso?
—Ni de una cosa ni de la otra, es que mañana sábado y pasado domingo me toca tute.
—¿Que te toca tute? ¿Y eso qué es?
—Pues eso, que las veinte horas tengo que hacerlas en el fin de semana, a diez diarias, todas de un tirón.
No estoy equivocada pues cuando digo que las palabras no mueren nunca, simplemente se quedan dormidas de aburrimiento cuando, a veces por dejar de necesitarlas, a veces por estúpidas modas, dejamos de usarlas, y algunas, como tute, ante la situación económica y laboral que atraviesa nuestro país, no tienen más remedio que despertarse.
En tu trabajo ¿también tienes que hacer tutes cuando te toca? ¿Conocías la palabra? ¿Creías que acababa de nacer? Espero tu comentario.
martes, 4 de febrero de 2014
Engatusar
¡Hola! ¿Cómo estás? Yo encantada de recibirte en mi mercadillo. Si esperas un instante, te presento mi última cateta: engatusar. No es otra cosa que ganarse a alguien con zalamerías para conseguir algo.
Es una lástima que esta preciosa palabra haya alcanzado el grado de cateta porque sigue habiendo engatusadores y engatusados. Para ejemplo, nuestros políticos. Quince días antes de las elecciones nos engatusan con sus promesas, consiguen nuestro voto en las urnas, y una vez en sus poltronas, nos destrozan la vida. ¿O no es verdad?
viernes, 17 de enero de 2014
Astucias
¡Hola!
Aquí estoy, con otra de mis catetas: astucias.
Fue una palabra muy usada en los pueblos salmantinos. Significa picardías, habilidades para conseguir algo de alguien. Las tenían y las ejercían los astutos.
Sobran los ejemplos ¿verdad?
sábado, 21 de diciembre de 2013
Enfusar
¡Hola! A ver que te parece esta cateta: enfusar.
Para el diccionario de la RAE significa embutir, pero los serranos salmantinos, que eran expertos en el arte de hacer matanzas, decidieron embutir para convertir el cerdo en chorizos y enfusar dejarlo para meterle a alguien la comida a la fuerza.
“Ya no sé qué hacer con esta criatura, si quiero que coma, tengo que enfusarle la comida”
“Temo ir a comer a casa de la abuela, si no te gusta algo, te lo enfusa como sea”.
Así de ingeniosos eran ellos. Digo eran porque ya no son, y los que son han renunciado a la herencia de esta palabra. Por esto te la dejo en mi mercadillo, para que si alguna vez la oyes por casualidad, no pienses que se trata de un vocablo nuevo, tiene muchos, muchos años.
sábado, 23 de noviembre de 2013
Irse la especie
¡Hola!
Ayer, en una oficina, oí una expresión que está entre mis catetas. Alguien había pedido a alguien una información por teléfono y quedó en buscársela inmediatamente. Al colgar, llegó una visita y se olvidó. Cuando ante la tardanza volvió a sonar el teléfono para preguntar qué ocurría, la persona en cuestión, respondió: “Lo siento, se me ha ido la especie”.
Esta es la expresión: irse la especie, es decir, la cabeza, la memoria, olvidarse de algo que se está haciendo y hay que interrumpir o que se piensa hacer y por distracción se olvida momentáneamente.
¿Te animas a utilizarla? Aunque cateta, ya ves, todavía hay quien la usa.
jueves, 14 de noviembre de 2013
Darle más palos que pelos tiene en la cabeza
¡Hola!
¿Pensabas que había cerrado el mercadillo? Pues nada de eso, aquí me tienes, con otra de mis expresiones catetas: darle más palos que pelos tiene en la cabeza, o recibirlos, claro.
No hace falta decir que con esta expresión se decía que se le había propinado a alguien un buen número de palos, pero sí hay que aclarar que siempre se quedaba en una amenaza, nunca recibió nadie de nadie tantos palos como pelos tenía en la cabeza, salvo que fuera calvo, claro, y recibiera alguno., que en todas las partes y en todos los tiempos se cuecen habas. ¿O no es así?
sábado, 14 de septiembre de 2013
Enfurruñarse o enfurruscarse
¡Hola! Aquí estoy, con dos verbos distintos pero iguales: enfurruñarse, o sea, enfadarse. Esta es, por decirlo de algún modo, la versión normal; la variante que se utilizaba en la sierra salmantina era enfurruscarse.
Para mí las dos siguen siendo válidas.
Furriñas
¡Hola! ¿Te gusta esta palabra?: Furriñas.
Un furriñas era y es aunque ya no se le llame así, el que se enfada frecuentemente y por cualquier cosa. Esta actitud es más propia de niños que de adultos. Por esta razón caía casi siempre sobre ellos.
¿Qué te parece?
sábado, 31 de agosto de 2013
Entecadente
¡Hola! ¿Te gusta esta cateta?: Entecadente. Es lo que estaban, sobre todo los niños, cuando sufrían alguna molestia, sueño o simplemente ganas de recibir mimos.
Para que lo entiendas mejor he aquí algunos significados que posiblemente todavía oigas hoy: empachoso, cargante, pesado.
Me quedo con entecadente a pesar de todo. ¿Y tú?
sábado, 24 de agosto de 2013
No decir ni ojos negros tienes
¡Hola! ¿Qué te parece esta expresión?: No decir ni ojos negros tienes, o sea, ni hola ni adiós, ni que te vaya bien ni que te vaya mal, nada.
Ejemplos para entenderla:
No sé qué le pasará a fulano conmigo pero ayer nos cruzamos en la calle y no me dijo ni ojos negros tienes.
Hay que ver cómo es zutana, unas veces te come a besos y otras te pisa y no te dice ni ojos negros tienes.
¿Queda claro?
Pues a conocerla al menos.
jueves, 15 de agosto de 2013
Darle el ansión
¡Hola!
Aquí estoy, con una de mis catetas: ansión. Ansia, angustia, congoja grande, muy grande. Le daba sobre todo a los niños cuando lejos de sus padres los recordaban.
Ejemplo: Me traje a mi sobrino a pasar el verano conmigo y a los tres días tuve que llevarlo: le dio el ansión de sus padres y no pude convencerlo con nada.
Aunque la expresión haya caído en desgracia, puedes usarla si te apetece, a los niños les sigue dando el ansión.
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