¡Hola! Acabo de oír una catetilla que figura en mi archivo y aquí me tienes, abriendo el mercadillo para dejarla. Se trata de la palabra patochada, y para los más descuidados, patochá. Quiere decir despropósito, incoherencia, metedura de pata. Fíjate en los ejemplos:
Ayer hablé con Pilar, le pregunté si habías regresado del viaje y me saltó con una patochada de las suyas. Lo mejor es no hacerle caso.
Para mí que Jaime no anda muy bien; tan pronto te cuenta su vida sin preguntarle, como le preguntas por algo y te salta con una patochada.
Si quieres oír patochadas, vete a la reunión de vecinos, porque si uno mete una pata, el otro mete las dos.
Saluditos.
¡Bienvenido a mi mercadillo! Aquí podrás encontrar palabras y expresiones salmantinas que la cultura mal entendida arrinconó por catetas. Me parece tan impropio de los que tenemos el don de hablar avergonzarnos de ellas, que hoy, para ponerlas en el lugar que les corresponde, abro este mercadillo. ¿Te gustaría ayudarme? Espero tu visita y, si quieres traerme un regalo, ya sabes lo que me gusta: una cateta de tu tierra. Seguro que tienes muchas. Y antes de irte, ojea mi periódico.
sábado, 18 de noviembre de 2017
Patochada
miércoles, 15 de noviembre de 2017
No estar muy católico
¡Hola” De nuevo entro en el mercadillo, con una simpatiquísima catetilla: “No estar muy católico”, es decir, encontrarse algo mal de salud, sufrir algún malestar. Seguro que todavía la utiliza alguien.
Desconozco el origen de esta expresión. ¿Alguien lo sabe? Se me ocurre pensar que a lo mejor tenga que ver con los tiempos de la Inquisición, en que lo primero era ser o declararse muy católico, por si las moscas. La forma negativa no estar o no encontrarse muy católico lo que hace es reforzar la idea de que lo ideal era estar o ser muy católico.
Cuentan que en uno de nuestros pueblos, supongo que pasaría en muchos, el cura, en cierta ocasión, fue a visitar a un enfermo, y al preguntarle cómo se encontraba, el enfermo dijo: “Pues ya ve padre, no estoy mu católico”. A lo que el cura respondió: “No diga eso hombre de Dios. Querrá usted decir que no está mu bien, pero que no está mu católico…”
Cosas que pasan.
Saluditos.
domingo, 12 de noviembre de 2017
Bobanco
¡Hola! Bienvenido al mercadillo. La nueva catetilla es muy simple: bobanco. Se usaba en no pocos pueblos de la provincia para llamar a alguien bobo de forma más cariñosa.
Saluditos.
miércoles, 1 de noviembre de 2017
Dar la matraca
¡Hola! Hoy vengo al mercadillo más contenta que nunca. Traigo una catetilla que gracias al conflicto de Cataluña -no hay mal que por bien no venga- ha resucitado.
Está claro que las palabras no mueren nunca, simplemente se duermen de aburrimiento cuando nadie las usa, pero en cuanto alguien las despierta, ahí están, tan útiles como siempre.
Hablo de matraca, dar la matraca, darle la matraca a alguien, que es lo que ha hecho uno de los Jordis encarcelados por delito de sedición, no por sus ideas políticas como pretende hacernos ver, con su compañero de celda. Tanto le ha dado la matraca con lo de la independencia que el hombre, harto de sus sermones al respecto, para no acabar desquiciado o partiéndole la cara, ha tenido que pedir traslado de celda. ¡Menos mal que se lo han concedido!
Queda claro el significado ¿verdad?
Saluditos.
domingo, 29 de octubre de 2017
Acalugar
¡Hola! Curiosa la catetilla que traigo hoy al mercadillo: acalugar.
Según el diccionario de la RAE significa sosegar, acariciar y aliviar, pero por aquí se utilizó siempre con otro sentido muy diferente. Si te fijas en los ejemplos, lo entenderás mejor.
Es una persona tan activa que no acaluga ni a comer; en lugar de sentarse a la mesa como los demás, se sienta y se levanta entre cuchara y cuchara para seguir con lo que tenga entre manos.
Me dijeron que ya venían de viaje, y hay tanto tráfico que hasta que no los vea llegar, no acalugo en ningún sitio.
Siempre se usó en forma negativa. ¿Por qué este cambio de uso? No lo sé pero sería incapaz de decir: “Mira a ver si acalugas –por acaricias- a ese niño para que se calle”.
Saluditos.
viernes, 27 de octubre de 2017
Esbarrancón
¡Hola!Bienvenido al mercadillo. Si hace unos días te encontraste con el verbo esbarrancar, hoy, aunque solo sea para no hacer de menos al nombre, ya catetillo también, te lo presento: esbarrancón en singular y esbarrancones en particular.
Un esbarrancón no es otra cosa que el desprendimiento de un trozo en una pared producido por un roce con algo, una patada o golpe por el estilo. ¡Vamos,!, lo que obliga a pintar, una lata.
Saluditos.
lunes, 23 de octubre de 2017
Satélite
¡Hola! ¿Qué tal? Acabo de llegar al mercadillo, con otra cateta, claro. ¿Quieres conocerla? Seguro que la conoces, que la has estudiado, que la utilizas incluso, pero no con el significado que se utilizó por aquí. Se trata de la palabra satélite. Si te fijas en el ejemplo, sobra explicar el significado.
Ayer tuve a los dos satélites (nietos) en casa. No me dejaron ni comer tranquila. Todo el día los tuve detrás de mí. Me das esto yaya, me das lo otro, ven a jugar… Son incansables.
Solo añadir que satélites solo se usaba para llamárselo a los niños cuando no dejaban de dar vueltas alrededor de los adultos porque su origen es de sentido común.
Saluditos.
lunes, 16 de octubre de 2017
Esbarrancar
¡Hola! Esbarrancar. Esta es la catetilla que traigo hoy al mercadillo. Preciosa aunque significa algo que resulta muy feo: hacer desconchones en la pared.
Dejad de jugar en el salón que vais a esbarrancar las paredes y están recién pintadas.
No sé cuánto hace que no la oigo, pero fue muy utilizada. ¿Cómo se dice ahora? Porque supongo que las paredes, sobre todo si hay niños en casa, se siguen esbarrancando.
Hasta pronto.
martes, 26 de septiembre de 2017
Gallo
¡Hola! Gallo: es la catetilla que traigo hoy al mercadillo. ¿Que no te parece una palabra en desuso? Pues tienes razón, pero no la tienes. Todos sabemos qué es un gallo, incluso los que no los han oído jamás al nacer el día porque no han dormido una noche en un pueblo, pero vivos o muertos todos hemos visto un gallo y así lo llamamos. Pero aquí nos referimos a los gallos de una naranja, es decir, a los que en cualquier lugar solo se los conoce por su verdadero nombre: gajos. ¿Aclarado?
Saluditos.
lunes, 11 de septiembre de 2017
Las chichas
¡Hola! Seguro que la catetilla que traigo hoy al mercadillo te trae recuerdos de la infancia, cuando de niño ibas al pueblo de tus abuelos, quizá al tuyo, para asistir a la matanza. Se trata de las chichas, es decir, las carnes que una vez preparadas eran embutidas.
—Prueba las chichas a ver como están de sal.
—Voy a freír ya unas chichas. Están riquísimas.
—Antes de empezar a embutir, separa las chichas para los cumplidos.
Era de obligado cumplimiento llevar un plato de chichas a los vecinos que hacían lo mismo cuando mataban, a las familias de los que habían ido a echar una mano, a los que no asistían por alguna razón justificada y cómo no, a la casa, para darse otro festín después. Sabrosísima costumbre ¿verdad? Por último reseñar que algunos bares las ofrecen como aperitivo. Gracias a ello los más jóvenes saben qué son aunque nunca hayan estado en una matanza, y lo mejor de todo, pueden comerlas, que es un placer.
Saluditos.
miércoles, 6 de septiembre de 2017
Ser de pipas coloradas
¡Hola! “Ser de… o tener las pipas coloradas”. Es la catetilla que traigo hoy al mercadillo. Es de las pocas expresiones que no me gustan, sin duda porque nunca le encontré un sentido lógico. Se utilizaba para decir de alguien que sus rarezas anunciaban su maldad.
En cuanto la vi, lo pensé, tiene las pipas coloradas y no me equivoqué.
No quiero cuentas con él, es de pipas coloradas, y estas personas ni son buenas para amigas ni son buenas para enemigas.
Lo mejor de las personas que tienen las pipas coloradas es que puedes librarte de sus maldades no dándoles confianza que no es poco ¿verdad?
Saluditos.
miércoles, 16 de agosto de 2017
Andar de capa caída
¡Hola! “Andar de capa caída”. Es la expresión que dejo hoy en el mercadillo. Seguro que la conoces. Aunque yo diría que por aquí se utilizó más que por otros pueblos, formó parte de todos los lugares, y me atrevo a decir que se sigue utilizando, aunque eso sí, cada vez menos. Quiere decir andar o estar triste, cabizbajo, desganado, melancólico… bien por una preocupación, bien por estar enfermo, bien por simple vaguería.
Su origen es muy sencillo:
Hace referencia a la capa, prenda de gran tradición entre los nobles y aristócratas españoles porque revelaba la condición social de quien la llevaba, así aparece en el Tratado tercero del Lazarillo de Tormes, en el que un escudero que está en la miseria no se desprende de su capa cuando sale a la calle, aunque no tenga nada que comer. Parece ser que la forma descuidada reflejaba la decadencia de su fortuna o su salud.
Saluditos.
lunes, 14 de agosto de 2017
Tirar de la manta
¡Hola! ¿Qué tal? Yo encantada de llegar al mercadillo con otra expresión ya catetilla: “Tirar de la manta”, que quiere decir descubrir algo malo de alguien, bien de verdad o como simple amenaza.
Los chanchullos de los políticos solo se descubren cuando uno de los suyos se enfada porque no le dan lo que quiere y tira de la manta.
Posibles orígenes:
José María Iribarren, en su libro "El porqué de los dichos", recoge que
esta expresión pudo nacer de los lienzos con los nombres de los judíos que
se convirtieron al cristianismo en Navarra, a los que llamaba "manwas".
Tirar de la manta significaba, pues, sacar a la luz este pasado.
Otros autores Aseguran que esta expresión alude a las mantas de la cama que tapan
las intimidades, de ahí que la frase signifique descubrir aquello que se
quiere ocultar.
Cuando queremos amenazar a alguien con contar algún íntimo secreto que puede suponer un perjuicio grave hacia esta persona, amenazamos con “tirar de la manta”.
Hoy vamos a ver los dos posibles orígenes de la expresión:
El origen más comentado en las diversas fuentes consultadas nos lleva hasta Navarra en los Siglos XVI-XVII, en una época en la que los judíos habían sido expulsados de esos territorios a no ser que se convirtiesen al cristianismo, razón por la cual podrían permanecer en la zona casi sin ningún perjuicio; y digo casi, debido a que desde entonces adquiere gran protagonismo la “limpieza de sangre” de las familias.
La “limpieza o pureza de sangre” no era otra cosa que pertenecer a un linaje “puro” cristiano.
Estas personas “limpias” serán automáticamente capacitadas para desempeñar cualquier tipo de cargo público, además de otras prebendas.
Pues en 1610 se cuelga en la Capilla del Cristo del Perdón de la Catedral de Tudela (Navarra, España) una enorme tela (llamada manta) con el nombre de las familias que no eran “puras”, y por lo tanto gozaban de peor consideración que las otras, a modo de “recordatorio” y en cierto modo de escarnio público.
Por eso se dice “tirar de la manta” cuando se quiere sacar a la luz un secreto inconfesable y/o vergonzoso, pues lo que se hacía era “tirar” de la lista que aparecía en la manta para comprobar los antecedentes familiares de determinados linajes.
El otro origen nos lleva también al Siglo XVI-XVII, más concretamente a las fondas donde se alojaban los viajeros menos pudientes.
Era común el que se compartiese cama con otra persona, ya que así salía más barato el pernoctar, pero el problema venía a la hora de taparse para no pasar frío, pues cada cual tiraba de la manta hacia su lado para abrigarse mejor, con lo que dejaba al “compañero” de cama destapado y con las “vergüenzas” al aire; por lo que también se baraja esta teoría como posible.
Cada cual que defienda la que más le guste. Personalmente me inclino por la segunda. Me parece más al alcance de las personas que la usaban.
Saluditos.
sábado, 12 de agosto de 2017
Estar a la cuarta pregunta
¡Hola! Bienvenido al mercadillo. Hoy no traigo una palabra, traigo una expresión casi olvidada. “Estar o andar a la cuarta pregunta”. Significa no tener dinero, andar mal económicamente. ¿A que seguimos teniendo razones para usarla?
No sé en qué se gasta el dinero, pero gane lo que gane, siempre anda a la cuarta pregunta.
Lo siento, hoy no hay propina, estoy a la cuarta pregunta.
Su origen:
Aunque hay varias teorías, la más plausible es que provenga de los antiguos interrogatorios judiciales, en los que al imputado se le preguntaba primero por su nombre y edad; segundo por su lugar de nacimiento y domicilio; en tercer lugar por su religión y estado civil; y en cuarto lugar por sus bienes y rentas.
Normalmente, los declarantes alegaban no poseer bienes ni rentas, sino que todo su patrimonio provenía de su trabajo, para no ser embargados. Cuando a lo largo del interrogatorio se hacían alusiones a este punto, los testigos se remitían a esta cuarta pregunta.
Posteriormente, la expresión quedó como marca de pobreza o falta de ingresos.
Saluditos.
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